Song to Song (2017)
Malick vuelve a repetir la fórmula de Knight of Cups. Si te gustó, puede que te guste más Song to Song. Si no, ya no le des una oportunidad.
Malick vuelve a repetir la fórmula de Knight of Cups. Si te gustó, puede que te guste más Song to Song. Si no, ya no le des una oportunidad.
Lejos de los dramas convencionales en la campiña inglesa como Orgullo y prejuicio o Sentido y sensibilidad, William Oldroyd adapta el relato corto de Nikolái Leskov a un contexto más europeo que el de la burguesía rusa.
Presentada con una propuesta un tanto novedosa, Comet es un drama romántico estructurado de forma episódica no lineal, con una trama que recorre seis años entre Dell (Justin Long) y Kimberly (Emmy Rossum). La pareja vive diferentes fases en las que vemos su evolución, desde su primera época en la que él es un maniático y ella una chica un poco ingenua hasta que, finalmente, los dos creen haber llegado a un momento sensato de sus vidas.
No puedo decir que The Meyerowitz Stories sea una mala película, incluso puedo alabar la labor de Adam Sandler en su rol de actor, pero la trama es muy anodina y hacia el final del metraje te das cuenta de que poco te importa lo que haya ocurrido.
Se supone que quedarse en el fondo del mar rodeadas de tiburones y sin poder subir a la superficie por el síndrome de descompresión debería hacernos sentir algún sentimiento de agobio. Lo único que han conseguido conmigo es que no soporte a las protagonistas y que me dé absolutamente igual lo que les ocurra.
Villeneuve ha conseguido llevar a la gran pantalla una película que respira Philip K. Dick por los cuatro costados con una historia totalmente kafkiana.
Este tipo de dramas no son mi estilo y, aunque no ha llegado a conmoverme porque no ha conseguido meterme en la historia del todo, las historias que cuenta el árbol y la cuidada factura de dirección me han convencido.
La preciosa historia de amor de Kumail Nanjiani, una historia que ha contado en los diferentes late nights en Estados Unidos por rara, dramática y divertida.
Me lloverán críticas y me dirán que no la he entendido pero, simplemente, me ha decepcionado por su poca trascendencia.
Lo que la película pone en tela de juicio durante la primera mitad no es que se haya injerencia en los asuntos internos de otro estado como lo era Nicaragua, sino que agentes extranjeros ganaron millones de dólares con la venta de droga por la «epidemia de crack», teniendo en cuenta la política antidroga de boquilla del presidente Reagan en los años 70.
Uno de los aspectos que más me han gustado de Elle es que no te lleva por donde tú quieres, sino por donde la protagonista quiere. Durante las más de dos horas de metraje se nos intenta dar a conocer la compleja personalidad de Michèle, marcada por su oscuro pasado, su emocionante presente y su incierto futuro como una víctima que se niega a vivir un papel débil.
El guardián invisible comienza con el hallazgo del cadáver de una niña junto al río en uno de esos parajes de ensueño en el rural de Navarra.
La verdad es que esta historia es delicada. Muchos conservadores dirán que Michael Glatze es el ejemplo de que la homosexualidad puede «curarse».
La segunda parte ahonda en el trauma de los niños que vimos en la original presentándonos la historia de una madre que huye de su marido maltratador con dos hijos preadolescentes.
Quizá sean mis ojos de adulto los que no me dejan meterme en la película, pero la forma de contar la historia, a través de un flashback contado por un anciano a unos turistas que van buscando historias fantásticas en tierras escocesas, no me parece la más opción más idónea para llegar al corazón del espectador.