A 47 metros (2017)

A 47 metros

Hay varias cosas que me cabrean en las pelis y si me las plantan en la cara en las primeras escenas es difícil que remonte. El guion de las primeras escenas de A 47 metros da auténtica vergüenza por cómo retrata la personalidad de dos hermanas que se quieren pero que son como el día y la noche. Una, la típica dicharachera. La otra, solo preocupada por su ex porque se ve que no puede vivir sin él.

Estas dos hermanas se van juntas de viaje para publicar en redes sociales que lo están pasando genial y hacen muchas cosas algo que, por supuesto, la preocupada nunca ha hecho porque resulta que solo te lo puedes pasar bien viajando para dar envidia. A alguien que ya ha cortado contigo. Tía, si te encanta quedarte en casa con la mantita y tu gato viendo pelis y tu novio lo odia, a lo mejor no estás con la persona idónea.

En una de estas deciden que lo mejor para dar envidia es irse con dos desconocidos para realizar una inmersión en aguas llenas de tiburones metidas en una jaula metálica. Lo mejor es que cuando la jaula va bajando pierden la cámara porque ni siquiera se preocupan de asegurarla a la muñeca con la correa que tiene a tal efecto.

Cuando la jaula se suelta y las chicas llegan a una profundidad de 47 metros comienza la película después de demasiados minutos de haber puesto los ojos en blanco. Y eso que el metraje total no llega a los 90 minutos. Se supone que quedarse en el fondo del mar rodeadas de tiburones y sin poder subir a la superficie por el síndrome de descompresión debería hacernos sentir algún sentimiento de agobio. Lo único que han conseguido conmigo es que no soporte a las protagonistas y que me dé absolutamente igual lo que les ocurra.

Yay & nay

Lo mejor: El giro final.

Lo peor: Los diálogos pésimamente escritos que te hacen odiar a las protagonistas.

Puntuación

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