Toro (2016)

No puedo dejar de pensar en que Toro toca muchos palos pero no se centra en ninguno. Si en la anterior crítica de Verónica veíamos que el toque realista la hacía creíble para meternos en la trama de la peli, el largometraje de Kike Maíllo se dispersa e intenta parecerse demasiado a los thrillers norteamericanos en su ejecución. Tanto, que hasta “los malos” utilizan ¿bates de béisbol? No sabía que había tanta afición a este deporte por estos lares.

Hablando de “estos lares”, me chocan las localizaciones y los acentos. No consigo creerme que Tosar y Mario Casas sean hermanos, que no disimulen su acento y que toda la trama esté ambientada en lo más rancio de la Semana Santa y de las mafias que pululan por Andalucía. Sobre todo si tengo que ver un Vitrasa llevando al prota a la cárcel. O que la primera secuencia esté realizada donde trabaja mi cuñado. ¡Ay, ilusa de mí! Pensaba Toro estaría ambientada en Galicia y que la “droja” y que me contarían algo turbio relacionado con la mafia. Me refiero a que, ¿qué hacen dos gallegos que trabajan para un capo andaluz desde su infancia, manteniendo su acento?

Pero la trama va hacia otro lado. Los créditos iniciales nos avanzan por dónde quieren ir los tiros de Kike Maíllo. Presentando la película como si fuese una peli de James Bond, Toro se pierde en sus pretensiones. No sé qué pretenden con esas cámaras lentas e imágenes religiosas, con tanta alegoría de los toros y falsa profundidad. La historia relata la vida de dos hermanos: a uno (Casas) le faltan dos meses para su ansiada libertad después de cinco años en la cárcel y de permiso de tercer grado. El otro (Tosar) sigue siendo un camándula pero vive en libertad con su hija, sirviendo a su jefe Romano (Sacristán).

En un alarde místico, nos hacen una introducción del contenido con las cartas que echa una pitonisa. Con baraja española, por supuesto. Si hay algo que me rechina constantemente en la peli es ese pavoneo de españolidad que hay con la Semana Santa, los toros, lo andaluz y su turismo. Además, ¿qué es eso de llamar a alguien “López”? Nadie apoda a nadie con un apellido tan común. ¿No habría sido más normal que tuviese un mote como su hermano Toro? Algo así como “el Nécora” o “el Centollo”.

Tras obtener su permiso de libertad, Toro vuelve a las andadas para ayudar a su hermano y a su sobrina y, de ese modo, lo que parecía un camino seguro para Toro, volverá a convertirse en una espiral de violencia y traiciones.

No puedo esconder que Toro me ha decepcionado. Tras la escena de la persecución policial del inicio, rodada magistralmente, se enreda en una trama poco atractiva, repetitiva y muchas veces hasta inverosímil por cómo se desarrolla, utilizando recursos como el deus ex machina para resolver nudos narrativos que no se pueden explicar o que básicamente es imposible que sucedan.

Aun así creo que hay secuencias de las que se puede disfrutar. El reparto se esmera lo indecible para mantenernos en la trama pese a las carencias interpretativas de algunos y, por la parte que me toca, para ver qué localizaciones viguesas salen en pantalla. No es mucho, pero algo es.

Yay & nay

Lo mejor: Las interpretaciones de Tosar y Sacristán, la escena de la persecución en el puerto de Bouzas.

Lo peor: Una trama predecible, demasiadas alegorías a la idiosincrasia andaluza.

Puntuación

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1 pensamiento sobre “Toro (2016)”

  1. Después de la isla mínima o contratiempo el género del thriller spanish estaba en alza pero, si abusamos, se puede ir diluyendo dejando sólo rastros de aquello que pretendía. Esta que no he visto y, gracias a ti, la dejaré para mejor ocasión, cosa que te agradezco porque las typical spanish me resultan invisionables.

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