The Square (2017)

The Square

The Square es la siguiente película de Robert Östlund tras el éxito de Fuerza mayor. Si en la película de 2014 se nos plantea el dilema del papel masculino en una familia, The Square analiza el arte moderno como arte en sí mismo y en su relación con los demás. Presentando la película vemos varias versiones de lo mismo: maestros del marketing que pretenden abrir polémicas para generar visitas, pedantería hasta niveles inimaginables sobre unos montículos de grava, la superioridad de los entendidos frente aquellos que se dedican a vivir en el extrarradio o la violencia y el caos para “hacer arte”.

Hasta parece que la situación vivida por el director del museo de arte moderno de Estocolmo vive como una performance la defensa de una chica perseguida por su novio a grito pelado por la calle. En una acera abarrotada, solo él y otra persona se quedan mirando hacia atrás para buscar de dónde vienen los gritos pidiendo ayuda. Aunque ellos parecen verlo, el público no será consciente de lo que ocurre hasta poco después. Al director del museo le parece una experiencia maravillosa (la subida de adrenalina por rescatar a una joven) hasta que se da cuenta de que todo lo habían montado para robarle la cartera. ¿Esto también sería arte?

La secuencia que ilustra el objetivo de The Square es la performance que aparece en el cartel de la película. Un artista reconocido entra en un salón de ricachones para ofrecer su visión del animal primitivo. Entra en una sala interpretando a un simio sin control. En principio, contar con el reconocidísimo artista da un caché enorme a la cena.

Todo va estupendamente, incluso los invitados se ríen, hasta que comienza haber choques violentos. Es ahí cuando vemos lo que quiere mostrar el artista. Un animal sigue sus instintos y actúa sin pensar en lo que supone su comportamiento a los demás. Le da igual que los demás lo vean como un ser divertido, de clase baja, sin estudios, sin ropa, sin joyas… De ese modo, comienza a desmadrarse sin que los asistentes a la cena se inmuten. Nadie se mueve para defender a nadie de cómo el simio molesta a los demás. Hasta que una persona, mucho tiempo después, se levanta de su silla. Parece que se da el pistoletazo de salida para certificar que tanto simios como ricachones son animales que dan rienda suelta a los instintos. Precisamente lo que el artista quería expresar.

The Square toma el tema del arte para hablarnos de esto y mucho más. Ruben Östlund se toma la libertad de contar a través de una de relatos cortos una especie de retrato de esta sociedad hipócrita y preocupada por lo políticamente correcto. Sin más, podemos ir a la escena del artista famoso internacionalmente en la que él y su entrevistadora tienen que lidiar con un asistente con síndrome de Tourette. Se pide respeto para el enfermo pero no para quien está ofreciendo la entrevista, hay que ser políticamente correctos.

Pero el ejemplo de esta hipocresía la vemos en la rueda de prensa final, en la que el protagonista cambia de versión dependiendo de las preguntas realizadas por periodistas supuestamente objetivos. Periodistas que únicamente emiten juicios de valor en lugar de intentar ofrecer noticias.

Podría explicar aquí todas las escenas y me quedaría corta. The Square se explaya en las historias pero no en las explicaciones. Dos horas y media de metraje dan para esto y mucho más. Me ha encantado la forma que tiene de retratar a la sociedad y cómo está convencido que las personas actúan de forma individualista.

Lo mejor y lo peor

Lo mejor: La estructura de la historia (en realidad es un retrato con historias independientes, sin trama). La escena del robo de la cartera y del simio.

Lo peor: Excesiva duración. Las historias tienen un interés desigual.

Puntuación

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