Ocho apellidos catalanes (2015)

Ocho apellidos catalanes

No sé para qué me pongo a ver Ocho apellidos catalanes si ya no me gustó demasiado Ocho apellidos vascos y Berto Romero no me hace demasiada gracia. En este caso, la rocambolesca historia nos lleva a tierras catalanas para añadir un prototipo más, el de los catalanes hipster e independentistas.

Y es que parece que la parejita de la primera película, Amaia y Rafa, se han separado porque a él le daba miedo casarse. Koldo se entera después de estar meses en la mar, incomunicado, pero con otra versión, la de que Amaia deja a Rafa y, así, se ahorran un enfado más. Pero cuando Koldo se entera de que su hija va a volver a casarse, esta vez con un catalán, decide irse a Sevilla, llevarse a Rafa a Cataluña, y reventar la boda de su propia hija.

Cuando llegan a Barcelona y conocen al prometido de Amaia, Pau, se dan cuenta de que es un hípster y que prepara una boda “a la independentista” porque su abuela, delicada de salud, cree que Cataluña ya se ha independizado. El resto de la trama serán las típicas vueltas de parejas que ya vimos en Ocho apellidos vascos y que tampoco provocan demasiada risa.

Pese a que el tema de la independencia de Cataluña se mete a calzador en la trama, poco puede indignar a alguien. El humor es tan tontaina que ni se mete con los catalanes ni con los nacionalistas españoles caracterizados aquí por dos andaluces.

En fin, un compendio de tópicos sin gracia, sin frases memorables y con escenas que dan vergüenza ajena por parecer escritas por dos guionistas sin ideas. Y ojo, que hablo de Borja Cobeaga y Diego San José, que me conquistaron con Vaya semanita y Fe de etarras. Pero Ocho apellidos catalanes es un gran estiramiento de chicle típico de esas pelis en las que no caben secuelas por finalizar la trama en la primera parte.

Yay & nay

Lo mejor: Karra Elejalde y Carmen Machi.

Lo peor: Berto Romero. Las tramas y subtramas idiotizadas.

Puntuación

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