High Flying Bird (2019)

High Flying Bird 2019
High Flying Bird

High Flying Bird es un drama sobre los negocios que se mueven detrás de las cámaras en el deporte del baloncesto.

Supongo que ambientado en un lockout del 2011, seguimos los pasos de un agente deportivo llamado Ray Burke (André Holland, quien también produce).

El lockout o cierre patronal lleva meses de negociaciones mientras que las franquicias, equipos de la NBA, no pueden ni negociar los contratos, ni jugar partidos, ni entrenar, ni pagar a sus trabajadores. Entre ellos, sus jugadores. Y sus jugadores a sus agentes.

Con este tema de fondo, Soderbergh reflexiona sobre cómo un espectáculo como la NBA actúa los rookies, incluso añadiendo (en blanco y negro) experiencias de jugadores como Donovan Mitchell, Karl-Anthony Towns o Reggie Jackson cuando pasan a formar parte del circo-espectáculo.

Una película deportiva sin deporte

En este circo de la NBA se expone cómo las promesas del baloncesto son engullidas por un gigante empresarial que explota sus figuras para llenar las arcas sin contemplaciones. Del mismo modo que el lockout, la película explora el deporte sin que aparezca el baloncesto por ninguna parte.

Ray pretende esquivar todas las reglas impuestas por la patronal para acabar con ese cierre y que, de ese modo, su cliente estrella pueda volver a cobrar y, con ello, también él mismo y su empresa.

El tipo de planos utilizados para enfatizar las conversaciones íntimas que surgen alrededor de las maquinaciones de Ray aúnan un aura de misticismo y realidad. Al no estar presente el baloncesto propiamente dicho, se aprovecha con descaro el iPhone para rodar planos medios y cortos, más realistas y cercanos al público que vive pegado a su móvil.

Con un estilo de bajo presupuesto y un guion de velocidad digna de Aaron Sorkin o Adam McKay, Soderbergh sigue ofreciéndonos un estilo más personal como lo hizo con la serie The Knick o su anterior filme La suerte de los Logan. En High Flying Bird, sin embargo, no todo el público es conocedor de la jerga utilizada en el mundillo NBA, por lo que es difícil para un espectador medio conectar con el ámbito empresarial baloncestístico y, por consiguiente, con unos personajes obsesionados con manejar cuantos más hilos mejor.

En conclusión, High Flying Bird es una película interesante sobre cómo un agente deportivo puede cambiar un estamento como la NBA, un estamento racista y ávido de dinero, explotador y masivo y, por ello, débil ante un listillo escurridizo del que no sabemos muy bien si el trazado de su plan ha salido a la perfección o si, simplemente, ha tenido suerte.

Yay & Nay

Lo mejor: André Holland. Fotografía. La ambientación del mundo que existe detrás del baloncesto.

Lo peor: Las entrevistas a los rookies rompen la poca acción que hay. Incluye demasiada jerga que despista al espectador.

Puntuación

Etiquetas:

Y tú, ¿qué opinas?

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.