Infiltrado en el KKKlan (2018)

Infiltrado en el KKKlan
Infiltrado en el KKKlan

Infiltrado en el KKKlan es la última película de Spike Lee, un largometraje que intenta reconciliarle con el gran público utilizando hechos reales para mezclarlo con la política norteamericana actual y con toques de comedia.

Y es que Infiltrado en el KKKlan te echa a la cara sus pretensiones desde el minuto cero. Elegir a Alec Baldwin para ofrecer un discurso de ultraderecha parece un truco facilón teniendo en cuenta que el actor interpreta a Donald Trump en el Saturday Night Live. Este discurso inicial lo recuerdo ahora como algo que no aporta nada al propio metraje, así como los últimos minutos de imágenes reales.

La ganadora del Gran Premio del Jurado en Cannes es, en realidad, una comedia de denuncia al racismo imperante en EE. UU. en los años 70.

Sin embargo, contextualizar los eventos en una época tan lejana nos haría ver lo que ocurre como demasiado lejano. Spike Lee lo acerca añadiendo frases sacadas de la boca (o de la cuenta de Twitter) de Donald Trump para exponer que aquello que veíamos en los años 70 está sucediendo ahora.

Hay distintas escenas en las que el objetivo se consigue de forma eficaz. Las secuencias en las que el protagonista entra en una comisaría y debe encarar el racismo institucionalizado de sus compañeros son las más efectivas. Son especialmente divertidas y contestatarias aquellos momentos en los que se concentra el equipo de infiltrados y dan la vuelta a la situación a la que se enfrentan.

Pero la comedia da paso al drama más irregular condimentada por los típicos clichés del director. Solo Adam Driver es capaz de ofrecernos otra visión de una película estereotipada. Es su personaje el que tiene más dudas y el que cree que vive en un espacio sin racismo que le afecte. Y, sin embargo, le afecta.

En conclusión, Infiltrado en el KKKlan es entretenida a ratos. Es interesante por momentos. Es profunda en algunas escenas. Pero la historia no da para dos horas ni para sacarnos frases “presidenciales” ni imágenes evidentes.

Yay & Nay

Lo mejor: Adam Driver. Las primeras escenas del protagonista en la comisaría de policía con sus compañeros.

Lo peor: La bofetada moral de Spike Lee tirándonos su moralina a la cara. Demasiados altibajos en el metraje. El discurso inicial. Las imágenes televisivas del final. Darle protagonismo a “la chica” como mujer independiente para acabar siendo “la chica” dependiente.

Puntuación

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