Gold, la gran estafa (2016)

Inexplicablemente en una película como Gold, la gran estafa no aparece por ningún sitio esa maldita frase de “de los productores de…” teniendo detrás a Bob y Harvey Weinstein, y seguro que cierta parte de culpa es que Gold se haya vendido como un El lobo de Wall Street protagonizada por un demacrado Matthew McConaughey y el toque femenino de la hija de Ron Howard. Tanto academismo me repatea el estómago. Sobre su trama basada en hechos reales, a ratos brillante pero a muchos ratos fallida, intenta demostrarnos que la banca siempre gana y cómo funciona el lucro para los currantes y, por contraposición, el sector bancario, incluso traspasando fronteras.

La trama nos sitúa en los 80 en una empresa minera, siguiendo los pasos del heredero del negocio familiar, casi arruinado, buscando una mina de oro allende los mares. Para ello, busca la ayuda de  Michael Acosta (Édgar Ramírez), un prospector que cree haber localizado lo que puede ser la madre de todas las minas… en Indonesia. La casualidad quiere que la localización se parezca a lo que nuestro protagonista vio en un sueño sobre la búsqueda del preciado metal, así que hasta que lo encuentran, tendrán que pasar penurias como sobrevivir a la malaria. Pero la película no va sobre la exploración del yacimiento, sino lo que viene después, algo vacuo, lleno de sobreactuaciones de McConaughey que parece convertirse a pasos agigantados en un moderno Nicolas Cage con su catálogo gestos exagerados. Al final, estamos ante una gran estafa que nos venden como una especie de comedia denunciando al poder como una extensión del personaje del McConaughey de El lobo de Wall Street cuando en realidad no se parece lo más mínimo. Simplemente, es una estafa en todos los sentidos.

Lo mejor: Demuestra que los bancos y los corruptos siempre ganan.

Lo peor: Lo siento, pero Matthew McConaughey es un saco de sobreactuación que eclipsa todo lo bueno que pueda tener Gold, además de ser un conglomerado de fórmulas académicas que atufa a querer competir en los Oscar extendiendo la sombra de El lobo de Wall Street un par de años más tarde, desfasándose muchísimo.

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