Blue Jasmine (2013)

Blue Jasmine

Nunca entenderé cómo es capaz Woody Allen de inventarse una historia diferente cada año, llevarla a la pantalla, estrenarla y mantener el nivel, a veces superior, a veces ligeramente inferior, pero siempre siendo el resultado final más que el temido “pasable”. En Blue Jasmine, sin embargo, el protagonista ya no es masculino, sino que pasa la responsabilidad a los hombros de Cate Blanchett, actriz heredera de Katherine Hepburn no solo por haberse llevado el Oscar por interpretarla en El aviador (2004), sino porque es capaz de llenar la pantalla con su presencia e incluso también con su voz, así como hizo en Elizabeth (1998), película por la que debería haberse llevado la estatuilla.

Woody Allen nos cuenta la historia de Jasmine, una mujer que ha tenido que dejar de lado su vida de opulencia para vivir con su hermana, una mujer que representa todo de lo que ella misma se quiere alejar, sin embargo, tendrá que hacer de tripas corazón para poder renacer de sus cenizas, no sin dificultad, ya que es reticente a alejarse del nivel de vida de las marcas, las fiestas y la jet set. Del mismo modo que no quiere alejarse de esa vida, anclada en el pasado, y queriendo dar un cambio a su situación actual, Jasmine se verá acorralada por las mentiras y sus obsesiones hasta llegar al colapso nervioso.

Lo mejor: Cate Blanchett.

Lo peor: se parece muchísimo a Un tranvía llamado deseo (A Streetcar Named Desire, 1951).

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